UNA MAMÁ INOLVIDABLE



El segundo domingo de mayo se celebra el Día de las Madres en Cuba. Pero no debemos homenajear a la mujer que nos dio la vida sólo un día al año, el homenaje debe ser diario y sin límites.
Los que tienen vivas a sus madres deben sentir una satisfacción muy grande, los que ya la perdieron físicamente seguramente las llevan en lo más hondo de su corazón.
Ya mi mamá no está a mi lado, pero la recuerdo todos los días con un amor infinito. Sueño con ella, siento aún sus manos peinándome, acariciándome, dándome las medicinas cuando estaba enferma, mimándome, añorándome cuando estaba lejos, apoyándome en todo de forma incondicional.
Mima, mi mamá fue una mujer inolvidable.
Nació en Marianao y le pusieron Aida, precioso nombre como el personaje de la ópera. Aida Pérez Hernández.
Como no recordarla con su pelo castaño ondulado y sus ojos medio azules, medio grisáceos.
Envueltica en carnes, bajita de estatura, ¡pero que grande en amor para con sus hijos, sus nietos y su bisnieta!
Era muy bondadosa y estaba siempre presta a ayudar a los demás y a dar lo poco o mucho que tenía, siempre fue así, con sus vecinos, con sus amistades, con su familia.
Quiso mucho a mi abuela por parte de padre. Se amaron como madre e hija.
Como olvidar sus miedos a las ranas, que la hacían correr, al mar, al que no entraba ni aunque la obligaran, como olvidar que su cabeza se volvió totalmente blanca cuando me fui a alfabetizar a los 15 años.
Huérfana desde que tenía meses de nacida, no conoció a su padre.
Su madre María de los Angeles la crió con mucho sacrificio.
Ella fue a la escuela, pero la situación en la que se encontraban ella y su mamá, la obligó a comenzar a trabajar cuando tenía unos 13 años, primero en una fábrica pelando tomates, más tarde en una hilandería donde tenía que subirse a un banquito porque no llegaba al lugar donde tenía que hacer su labor. Era muy bajita pero su deseo de ayudar a la viuda, como conocían a mi abuela, era mayor que su escasa estatura.
Se hizo mayor y siguió trabajando en varios lugares. Cuando tenía 23 o 24 años su madre falleció, otro dolor grande que tuvo que aprender a sobrellevar.
Más tarde se casó y vinieron sus hijos, cuatro hijos tuvo en total.
Hijos que crió con mucho amor y sacrificio, a los que entregó todo su corazón y su alma.
Como olvidar sus noches de desvelo cuando nos enfermábamos. Cómo olvidar que siempre estuvo a mi lado cuando la necesité, en mis momentos difíciles, los que a veces no creí poder superar, pero que con su ayuda y amor infinito logré hacerlo.
Era una cocinera magnífica, preparaba platos riquísimos y con pocos recursos porque el dinero escaseaba, pero inventaba en la cocina para sus hijos.
No puedo olvidar lo lindo que cantaba, tenía una voz preciosa, dulce y cadenciosa, debió haberse dedicado al canto, pero no lo hizo o no pudo hacerlo. Y bailaba muy bien, como buena cubana que era.
Amaba a su Marianao natal y cuando nos fuimos a vivir a Santa Fe, le pidió a mi padre regresar a su terruño.
Cuando nació mi hija se volvió loca de contenta. Era su primera nieta, después vinieron tres nietos más, hijos de mi hermano y de mi hermana.
El amor que sintió por mi hija no le cabía en el pecho. Me ayudó a criarla, prácticamente la crió, fue una segunda mamá para mi hija adorada.
Y a mi nieta, que decir, la amó muchísimo, jugaba con ella como una niña más. La disfrutó cantidad y cuando partió para España la añoró tremendamente.
En este día tan señalado no puedo olvidar a mis dos abuelas. María de los Angeles, la madre de mi mamá a la que no conocí y a Angelita la madre de mi papá, viejecita adorable que era mi madrina que me dio todo su amor. Yo la quería muchísimo.
Y de mi hija que puedo decir en este maravilloso día. Madre amantísima, adora a su única hija, madre dedicada y amorosa e hija buena y cariñosa.
Mi mamito, como yo le decía cuando era pequeña, vivirá siempre en mi corazón y seguirá acompañándome en mis momentos de alegría y de tristeza. Me seguirá apoyando incondicionalmente como siempre lo hizo.
Este es mi modesto pero sencillo homenaje a una mamá inolvidable.

Madrid, mayo de 2019





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