EL CHIPOJO PARLANCHÍN
Cuando yo era pequeño, durante las vacaciones escolares, me
encantaba recorrer los alrededores de mi casa.
Cómo me gustaba tirarme loma abajo montado en una yagua.
Bajaba las pendientes a una velocidad tal que parecía que iba
montado sobre el lomo de un brioso caballo.
Un buen día, me lancé de una pendiente y tuve tan mala suerte,
que
caí en medio de un charco de agua enlodada.
De pronto oí una risa estridente y a alguien que decía - ¡Se
mató! -, qué niño tan tonto.
Asombrado, miré a todos lados, pues sabía que por esos parajes no
había ningún ser humano.
¿De dónde había salido esa voz?
Todo enfangado y disgustado regresé a mi casa.
Al otro día volví a mis parajes favoritos. Cuando buscaba una
buena yagua para lanzarme loma abajo, oí una voz que decía:
– qué cabeza dura, insiste en tirarse de nuevo.
Frenético, miré hacia todas partes. Quién era el sinvergüenza
que se burlaba así de mí?
Comencé a buscar por entre los matojos y solo vi a un
chipojo.
Busqué una pequeña piedra y se la tiré sin mucho impulso
para no hacerle daño.
Por poco me caigo de espaldas cuando el chipojo me dijo- oye
tú, por qué me agredes.
Me acerqué despacito y con mucho cuidado lo tomé entre mis
manos y le dije: – animalito prodigioso, así que eras tú. Yo
debo estar soñando.
- Pues no amiguito, no sueñas – me dijo- fui yo el que me
burlé de ti.
Casi volando me lleve al chipojo a mi casa. A mis padres por
poco les dio un ataque cuando oyeron al animalejo decirles: -
¿Hola cómo están?, Soy amigo de su hijo.
Cuando comenzaron nuevamente las clases el chipojo al que
bauticé con nombre de Pepe, me acompañó a la escuela
escondido en una caja de cartón.
No se pueden imaginar las veces que el animalito me ayudó a
contestar una pregunta sobre historia o geografía.
En una ocasión el animalito en una clase de matemáticas me ayudó a resolver un problema, pero el muy pillo me dio una respuesta incorrecta y como resultado la profesora me calificó con un rotundo cero.
Me enfadé mucho, pero como yo lo quería mucho se quedó a mi lado durante años.
Pero les voy a dar un consejo queridos nietecitos, confíen en
sus conocimientos no se auxilien para contestar ninguna
pregunta o resolver una ecuación en nadie que no sea el
maestro y menos en un chipojo parlanchín llamado Pepe.



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