EL PONI



La niña paseaba por el bosque asturiano, allá en Cudillero a orillas
del Mar Cantábrico. Iba acompañada de sus abuelos paternos.
De pronto los tres oyeron una preciosa melodía.
- ¿Qué melodía es esa?, preguntó la niña.
- Parece que son gaitas, contestaron los abuelos a coro.
- ¿Gaitas?
- Si, gaitas, es un instrumento musical, típico de estos lugares.
- ¿Vamos a ver quiénes las tocan?, dijo la pequeña.
Comenzaron a caminar y vieron unas moras. Se veían apetitosas.
- ¡Moras, abuelos, moras! Vamos a recogerlas.
Recogieron el rico fruto y llenaron una cesta que llevaban en un santiamén.
Continuaron avanzando y llegaron a una colina y desde allí contemplaron el mar.
- ¡Qué paisaje tan bello!
- Si es cierto, dijo la niña. Oigan de nuevo se siente la melodía de las guitas.
- Guitas no gaitas, expresó el abuelito.
¿Pero quién las tocará?, ya se oyen mucho más cerca, ¿Verdad abues?
A medida que subían por una colina mucho más empinada oían la melodía, más cerquita.
Llegaron por fin a la cima.
¿Pero aquí no hay nadie? dijo la pequeña.
La niña comenzó a buscar por aquí y por allá y de pronto vio a cinco enanitos, tan tan pequeñitos como su dedo anular y cada uno tenía una minúscula gaita.
Se acercó poco a poco. Los personajes ni se sorprendieron y
continuaron entonando bellas melodías.
-Vengan, vengan, gritó.
Los abuelos corrieron y se quedaron pasmados.
Pero esa no era la única sorpresa. Cerca de allí comía un poni.
La niña se le acerco y dijo:
-Voy a montarlo.
- Con cuidado, dijo la abuela.
Ella ni corta ni perezosa se encaramó en el caballito y de pronto al
animalito le brotaron unas bellísimas alas y emprendió el vuelo
Voló y voló. La pequeñuela observó todo el paisaje.
Vio las casas con sus techos de tejas. los orrios, el puerto con sus
embarcaciones, el mar que acariciaba los riscos, las playas donde
ella se bañaba y creyó ver unas Xanas con cabellos de diversos
colores.
- Amanda, Amanda, ¿Y ahora cómo vas a bajar? gritó el abuelo
La niña acercó su boca a la oreja del poni y le dijo en un susurro.
- Bájame, por favor.
El caballito descendió y la niña se desmontó. Las alas desaparecieron y el animalito maravilloso comenzó a comer.
Todos los días la pequeña iba con sus abuelos a llevarle comida al poni.
Llegó el día del regreso a Madrid y la niña fue a ver a su amigo.
- Nos tenemos que despedir, nos vamos, no me olvides. Cuando vuelva nuevamente te buscare y a tus amigos músicos también.
Por su bella carita rodaron lágrimas que parecía perlas.
El poni le pasó su lengua por el bello rostro y secó sus lágrimas.
Relinchó y a ella le pareció que decía:
-Te esperamos preciosa.

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