El QUIQUIRI MIAU


 

Tuve hace algunos años a una gallinita fina. Me
había dado unos buenos gallos.
Un día se perdió y al cabo del tiempo estaba sentado
a la sombra del cedro del patio cuando siento el piar
de un polluelo y el cloar de una gallina.
Me acerqué con cautela y cuál no sería mi sorpresa
al ver a mi gallinita acompañada de un
polluelo que cojeaba al caminar.
Al fijarme bien descubrí que el polluelo era distinto,
tenía una pata de pollo y otra de gato.
¿Qué era aquello?
Recordé entonces que Anastasio mi gato y la
gallinita siempre habían manifestado una inusual
amistad.
Aquel polluelo era producto de unos amores que yo creía
imposibles.
El pobre polluelo era la burla de todos los niños del poblado.
El quiquiri miau se ponía muy triste por esas burlas, sin embargo, cuando creció se hizo muy fuerte y sabio y su fama se extendió no solo en el pueblo donde vivíamos, sino en otros más lejanos.
Su minusvalía la convirtió en su fortaleza. Era cada día más inteligente y capaz. Todos lo admiraban porque pudo superar su dificultad.
Los niños especialmente lo buscaban para jugar con él y el animalito estaba encantado.
Los pequeños le compusieron una canción de decía así:
-A dónde va el quiquiri miau
-A jugar con los niños, a jugar, a jugar.
Ya nadie se burlaba de él, por el contrario, era la admiración de todos.

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