EL RIO SANTA ANA
Cuando
éramos pequeños solíamos ir de excursión al río Santa Ana junto con nuestros
padres.
Nuestra
madre preparaba el almuerzo y nosotros con gran alegría emprendíamos el
viaje.
El
río quedaba en Santa Fe que es un pueblo que en aquel entonces pertenecía a
Marianao, actualmente pertenece al Municipio Playa.
Mi
padre conocía el lugar porque tenía unos amigos que vivían en ese poblado, Gastón y
Berta
eran sus nombres y tenían una casita pequeña pero preciosa.
Aquellos
parajes que rodeaban al río eran bellísimos y el agua cristalina. Mis hermanos
y yo
caminábamos por aquellos lugares con gran
curiosidad.
A
la orilla del río crecían árboles frutales y a veces encontrábamos flores
silvestres.
Recogíamos
piedrecitas, hojitas, y en ocasiones tratamos de pescar algún que otro
pececito, pero nunca lo logramos.
Recuerdo
que llegábamos a Santa Fe en ómnibus y luego seguíamos caminando hasta el río. No
recuerdo cuantos kilómetros teníamos que recorrer, pero no nos importaba el
cansancio, lo hacíamos con mucho gusto y realmente, aunque a veces los pies nos
dolían mucho era para nosotros una gran aventura.
Mi
mamá preparaba unos tamales riquísimos, congrí y otros manjares. Todo lo
metíamos en maletines junto con platos, vasos y cubiertos.
Aquellos
eran días inolvidables en que nuestros sueños y fantasías volaban por sobre las
quietas aguas del río hasta las nubes que flotaban en el cielo azul.
Nos
encantaba ver los pájaros volar sobre nuestras cabezas, gaviotas, gorriones y
otras avecillas que no conocíamos , metíamos
los pies en el agua, aunque nunca se nos ocurrió entrar.
Ahora
a la orilla de ese río se levanta la Escuela Latinoamericana de Medicina.
No
hace mucho fui por aquellos lugares y recordé con mucha nostalgia aquellos
tiempos de mi infancia.
Con
el tiempo Gastón y Berta embullaron a mis padres, fundamentalmente a mi papá a
que nos mudáramos para Santa Fe. Ellos se encargaron de buscarnos la casa.
Bueno
lo que encontraron fue un pequeño apartamento de dos cuartos donde vivimos unos
dos
meses. Luego nos mudamos para una casita muy bonita que recuerdo tenía un portal alrededor y un patio bastante
grande. Constaba de sala, comedor, dos habitaciones, cocina y baño.
Mi
madre que siempre le había tenido pavor a las ranas todas las noches tenía
el trabajo de meter periódicos debajo de todas las puertas para que no
entraran.
Cuando
salíamos le abríamos la puerta y ella entraba corriendo a la casa. Que trabajo
pasaba.
Mi
hermano más pequeño era muy maldito, tendría unos dos años y siempre estaba
haciendo travesuras.
Teníamos
un gatico no recuerdo su nombre que una vez se nos perdió durante un rato de
pronto oímos unos maullidos y lo encontramos metido dentro de una lata de
galletas. Pobrecito, lo sacamos de allí temblando. Mi hermano nos dijo:
- -Tenía mucho frío y por eso lo metí en esa
lata.
A
pesar de su corta edad se expresaba muy bien.
Mi
madre cogió tremendo insulto, pero no le hizo nada porque estaba acostumbrada a
esas y a otras travesuras.
En
tiempo de verano íbamos a la playa y nos dábamos unos chapuzones riquísimos.
Mima nos gritaba que no nos alejáramos de la orilla, pero la realidad es que su
miedo era infundado, porque ni mi hermano que me seguía en edad ni yo nos atrevíamos
a hacerlo.
En
la playa recogíamos conchitas, caracoles y plantas que el mar arrastraba hacia
la orilla. Una vez encontramos una estrella de mar preciosa.
Recibíamos
la visita de mis tías, de mis abuelos y recuerdo que hasta del tío abuelo
Oscar.
Ciertamente
vivíamos muy felices en Santa Fe, pero cuando mi hermano y yo nos íbamos
los
fines de semana para casa de mis abuelos, mi madre se quedaba sola en compañía
de mi hermano más pequeño y eso la aterraba. Por eso un día le dijo a mi papá:
- Quiero volver a Marianao.
Y
nos mudamos a un pequeño apartamento en la calle 100, donde en el año 1959 nació
mi pequeña hermana.
Yo
tenía 14 años y recuerdo que bordé las sábanas y las fundas de su canastilla.
El día que nos mudamos para ese pequeño apartamento cuando mi madre abrió la
pila del agua no había ni gota.
Cuando le pregunto a mi papá:
¿Dónde
se busca el agua aquí?, oímos un vozarrón que nos dijo:
- En el río Señora, en el río.
Era
el vecino del apartamento del fondo. A mis padres no les quedó otro remedio que
echarse a reír. Valentín se llamaba.
Me
hubiera gustado vivir mucho más tiempo en Santa Fe, pero reconozco que me
encantó mudarme nuevamente a mi Marianao.
El
río Santa Ana fue un lugar visitado durante los años siguientes. Mis padres
continuaron
Organizando
las excursiones, pero yo ya no participaba en ellas porque después de la
Campaña de Alfabetización comenzó mi vida como estudiante en el Instituto de Idiomas en el año 1962.
(Fotos: Mi abuela Angelita y su hermano Oscar, con mis hermanos Narciso y Albertico y otros niños).




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