LA BABOSA

La niña encontró una pequeña babosa en la casita de los abuelos allá en Asturias.
Como era muy curiosa comenzó a observarla e incluso quería saber como se reproducían esos animales.
Le comentó a su mamá que quería llevarla de vuelta a su casa de Ascao. Su madre le contestó que podía hacerlo y que lo más inteligente era ponerla en un tiesto donde estaba sembrada una pequeña matica de nomeolvides.
Ella muy contenta cogió la babosita con mucho cuidado y la colocó en una cajita para que hiciera el viaje  cómoda.
Cuando llegó a su casita madrileña la colocó en el tiesto que permanecía en el pollo de la ventana desde que su abuelita regresó al verde caimán donde vive.
Todos los días observaba al pequeño animalejo, ella quería conocer sus costumbres, cuando comía, si paseaba por el tiesto y como se reproducía. En fin se convirtió en una pequeña científica.
Un día se levantó muy temprano y sin que sus padres la oyeran,  se acercó al tiesto.
Una vocecita muy suave y dulce le dijo.
- Pequeña niña como me alegro que hayas decidido traerme a tu casita. Yo estoy muy contenta, vivo muy feliz aquí pero ¿por qué no trajistes también un amigo?, me aburro mucho, no tengo con quien hablar.
La niña se quedó muy pensativa, era verdad no se le había ocurrido traer dos bichitos en lugar de uno. No importa pensó, cuando mi abuelo regrese a Cudi le voy a decir que me traiga un compañero para la babosita. Por cierto no se como llamarla. Pensó, pensó y se dijo, la voy a llamar Carmencita.
Cuando se lo dijo al bichito a ésta no le gustó el nombre.
Bueno le dijo la pequeña científica te voy a poner Princesa.
Ese si me gusta, me encanta. Necesito que me busques ropitas para vestirme como una princesa.
La niñita se lo dijo a su mamá y le buscó una muselina preciosa, rosada y le confeccionó un vestidito maravilloso.
Cuando se lo enseñó se quedó alelada y enseguida se lo puso.
- Ahora necesito una sombrillita porque el sol está muy fuerte.
¿Una sombrillita? Princesa se volvió loca, loquita. Yo no sé hacer sombrillas.
Su mamá le dio una idea. Hablaría con Sagrario que era muy buena costurera.
Efectivamente la amiga de su mamá le armó una sombrillita diminuta color amarillo y también le cosió una pequeña carterita de color rojo.
Cuando Princesa se vistió con su precioso traje rosado, tomó su carterita y salió a pasear con la sombrillita, de verdad que parecía una verdadera princesita.
Al cabo de los días su abuelo le trajo otra babosa, pero macho.
Había ahora un problemilla, era necesario confeccionarle un traje bonito porque Princesa estaría muy engalanada y él no.
Sagrario nuevamente las sacó del apuro y le hizo un precioso trajecito de color carmelita y lo completó con una diminuta corbatica azul celeste.
Por las mañanas Princesa y Pelusin pues así lo bautizó, salían a pasear vestidos con sus bellos trajes.
Que feliz era la niña, los bichitos se veían muy contentos y ella por supuesto estaba encantada. Si las babosas estaban satisfechas pues ella podría observarlas mejor, conocer sus costumbres.
Pasaron varios días de minuciosa observación.
Una mañana la niña sorprendida vio que las dos pequeñas babosas no estaban solas una pequeña babosita paseaba también por el tiesto.
¿Ya sabría la pequeña científica como se reproducían los pequeños animalejos?
La respuesta no la sé, me la tiene que decir mi pequeña nietecita Amandita que así se llama la niñita de este cuento.



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