LA OTRA MUÑECA NEGRA
Cuando mi nieta vino a Cuba de visita junto con sus padres su mamá decidió comprarle una muñeca negra.
Ya ella tenía una muñequita negra, muy pequeñita que yo le llevé de regalo cuando estuve en España, pero mi hija quería que tuviera una grande y muy bonita.
Un día salimos a pasear y llegamos a una plaza preciosa que queda frente al mar, allá en La Habana Vieja.
Frisi le mostró a Amandita una muñeca preciosa, negra, con sus trencitas y un vestidito de vivos colores. La verdad que la muñeca era un primor.
- No mamá esa no me gusta, yo quiero otra, esa no me gusta, decía mi nietecita casi llorando.
- Amandita - decía mi hija - mira que bonita es la muñeca que yo siempre soñé comprarte.
- No me gusta, no me gusta.
- Pues yo la voy a comprar para mi.
- Está bien cómprala, pero yo no la quiero.
- Muy bien la pondré en mi cama pero luego no te antojes.
- Como quieras, yo ni la voy a mirar.
Regresaron a Madrid y mi hija puso la muñeca en su cama.
Pasaron los días y una mañana en que Amanda veía la televisión y mi hija cocinaba, oyeron un llanto.
- ¿Mamá quien llora?, parece un niño.
- Si, que extraño ese llanto viene de mi cuarto.
Mi hija y mi nieta entraron a la habitación y se quedaron pasmadas.
La muñeca negra era la que lloraba, por su carita de trapo corrían unos lagrimones que empapaban la tela de la que estaba confeccionada.
Lloraba y lloraba y sus lágrimas no dejaban de caer. Mojó la sobrecama, la almohada y hasta el piso.
Todo comenzó a llenarse de agua y mientras más agua sacaba Frisi más agua caía de los ojos de la muñequita.
- Mamá si no para de llorar todo se va a echar a perder y los vecinos de los bajos van a protestar si se les mojan sus muebles.
- Cárgala Amandita, cárgala y pregúntale que le pasa.
Mi nieta tomó en sus brazos a la negrita y enseguida dejó de llorar.
- Menos mal ahora voy a poner a secar la sobrecama, la almohada y a limpiar el piso.
Amanda abrazó a la muñequita y le preguntó:
- ¿Qué te pasa, que te pasa?¿Por qué lloras?
- Tú no me quieres, recuerdo que no querías que tu mamá me comprara.
- Sabes una cosa - le dijo - a mi me cosió una viejecita muy dulce, muy dulce y buena. Ella poco a poco formó mi cabeza, mis trenzas, mis piernas, mis bracitos y mi lindo vestidito. Tenía la ilusión de que me compraran para una niña buena.
Cuando aquella mañana habanera te vi frente a mi, me enamoré enseguida de ti y me dije :
Si esta niña me compra voy a ser la muñeca más feliz de este mundo. Cuando oí a tu mamá me puse contentísima, que bueno
- me dije - llegó la niña de mis sueños.
Que desilusión cuando tu dijistes que yo no te gustaba. Pero me conformé pues tu mamá decidió comprarme de todas formas y traerme con ella.
Pero desde que llegamos de Cuba estoy sentada en esta cama y nadie me acaricia, por eso estoy tan triste.
-Hay muñequita habanera, perdóname, yo no quería que te pusieras así, yo te voy a llevar para mi lindo cuarto rosado, te voy a sentar en un asientico que tengo allí, pero por favor no llores más. Yo te quiero y mi mamá también, tu eres un pedacito de Cuba y ahora que conozco que te confeccionó una viejecita buena y dulce te voy a querer muchísimo más.
Mi nieta le pidió permiso a su mamá para llevarse a la negrita para su cuarto. Por supuesto que ella estuvo de acuerdo.
Desde entonces la habanerita está muy feliz y contenta. En el cuarto de Amanda hay otros juguetes y puede conversar con ellos.
Con Rudolf habla todos los días. A él le encanta el invierno, le fascina ver caer la nieve.
- Cuando llegue el invierno te tienen que coser un abriguito negrita porque tu eres caribeña y vas a pasar mucho frío con ese vestidito que llevas puesto, que es muy lindo pero poco apropiado para jugar en la nieve.
Efectivamente la mamá de Amanda le hizo un bonito abriguito rosado a la negrita, ya está preparada para el invierno. Podrán sacarla a pasear con ellos.
Hasta aquí este cuentecito.
¿Amandita ya le pusiste nombre a la muñequita negra?
¿No ha llorado más?



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