LA PUERCA JACINTA

 

Tenía una puerca llamada Jacinta, prieta como noche
oscura.
La cuidaba como a la niña de mis ojos. Ya me había
dado diez puerquitos y estaba nuevamente preñada.
Pero Jacinta era muy paseadora y un día se fue lejos
de la casa. La busqué por aquellos matorrales
durante diez días y ni rastro de ella.
Un día, al amanecer, me encaminé hacia un lugar
donde no solía ir. Cuando miré hacia una
palma vi con asombro que allá en lo alto, agarrada de
un buen racimo de palmiche estaba mi macha… y no
estaba sola. Diez puerquitos mamaban de sus tetas
¿Cómo rayos se había encaramado la puerca allí?
Entonces recordé que coincidiendo con su
desaparición se había levantado una ventolera. Aquel viento tan fuerte fue producto de un temporal que azotó la zona con una furia y una fuerza descomunales tumbando árboles y arrasando con los sembradíos.
Y entonces comprendí que la muy maldita se había encaramado en el cerrito que quedaba al lado de la palma, al ésta inclinarse con el viento se agarró del palmiche y la palma al levantarse nuevamente se llevó a Jacinta, allí quedó enganchada y allí mismitico parió.
Encaramados en la palma estuvieron puerca y críos
hasta que se desató otra ventolera y los pude
recuperar a todos.
¿No me creen nietecitos?, pregúntenle al compadre
Toribio que estaba conmigo y vio todo.




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