EL HADA DEL CASTILLO DE PRAGA
Fotografía gratuita de Unsplash
Mi esposo, mi
hija y yo visitamos la ciudad de Praga.
Estuvimos
sólo unos días, pero pudimos conocer los lugares más emblemáticos de la vieja
ciudad.
Mi hija ya la
conocía porque cuando vivíamos en Alemania la había visitado en compañía de una
amiga.
Praga fue
fundada a finales del Siglo IX.
Emprendimos
nuestro recorrido por la ciudad y llegamos al Puente de Carlos, el puente más
antiguo de Praga y que atraviesa el río Moldova de la Ciudad Vieja a la Ciudad Pequeña. Nos encantó ese
puente lleno de magia y que es un paseo obligado para los visitantes que llegan
a la ciudad.
Visitamos la
Ciudad Vieja o Stara Mestó, este lugar tiene innumerables calles llenas de adoquines. ¡Qué lugar tan bonito!
Mala Straná
es un barrio pequeño, allí degustamos varios platos típicos de la cocina
praguense. Probamos la riquísima Kulajda, sopa cremosa preparada a base de puré
de papas, setas y leche agria.
Las
salchichas maceradas con pimiento y cebolla frita más conocidas como Utopenec, y también nos encantó el más típico plato praguense, el goulach en una de sus
variantes, pues tiene múltiples. Su base es un estofado de carne con vegetales.
Llegamos donde
está enclavado el reloj astronómico. Este es un reloj medieval precioso. Cuando
el reloj da la hora salen las figuras animadas de los doce apóstoles.
Después de
deambular por las calles arribamos al Castillo de Praga.Hermosa construcción que nos encantó. Mi hija maravillada y nosotros también.
En la zona de
Kampa está el museo Franz Kafka, este museo es muy interesante.
Ya habíamos
oído hablar de la Plaza de Wenceslao. Es un lugar que es obligatorio conocer.
Siempre
habíamos oído hablar de las Marionetas de Praga.
Según cuenta
la historia las marionetas fueron llevadas a la ciudad por las tropas inglesas
antes del Siglo XVII. Poco a poco fueron fabricadas y los artistas locales comenzaron a hacer representaciones con ellas.
Teníamos que
visitar el Teatro de Marionetas. Es un lugar que hay que visitar sin lugar a dudas.
Asistimos a
una representación y nos quedamos maravillados.
Las
marionetas bailaban, cantaban y reían. ¡Que espectáculo tan bonito! Lo
disfrutamos mucho. Aquellas marionetas representaban los más diversos
personajes, bailarinas, payasos, magos y hasta un diablillo pícaro y bromista.
Decidimos
nuevamente visitar el Castillo de Praga, el lugar nos había encantado.
Esta vez lo
hicimos acompañados por las hijas de mis dos sobrinos.
Jasmina,
Adriana y Laurita, son hermanas y la pequeña Amelia es la prima de ellas. Las
cuatro habían estado con nosotros en el Teatro de Marionetas y salieron
fascinadas del espectáculo.
Las niñas
estaban muy contentas por la visita que efectuaríamos al castillo y mi hija
encantada con sus pequeñas primitas.
Comenzamos a
recorrer el viejo Castillo. Estábamos encantados, sabíamos que ese día iba a
ser inolvidable.
¡Y fue
inolvidable!
Cuando
entramos a un gran salón vimos a una hermosa muchacha vestida con un traje azul
de tul y con una diadema en la cabeza que era una maravilla.
Las niñas se
quedaron impresionadas al ver aquella aparición y nosotros también.
Jasmina que
es la mayor, le preguntó.
¿Quién eres?
La muchacha
le contestó.
Yo soy el
Hada del Castillo de Praga y estoy muy contenta de verlas.
Jasmina, Adriana,
Laurita y Amelia comenzaron a saltar y a decir.
¡Un hada! ¡Un
hada!
Si queridas niñas
soy un hada muy especial. Les voy a contar mi historia.
Yo era una
marioneta y actuaba todos los días en un pequeño teatro de la ciudad. Me
encantaba bailar y cantar para los niños que allí se reunían para ver el
espectáculo. Yo estaba muy contenta con mi condición de marioneta, pero un buen
día se me acercó una marioneta que era un mago y me dijo:
-De ahora en
adelante te convertirás en una bella muchacha y tu casa será el Castillo de
Praga.
Desde ese
momento habito este vetusto e impresionante lugar.
Pues esta es
mi historia y aquí me tienen queridas amiguitas, cada vez que vengan al
castillo acudiré a saludarlas.
Todos nos
despedimos del Hada y regresamos para contarles a mis sobrinos y a sus esposas,
lo que había pasado.
Por supuesto
no nos creyeron y les dijeron a las niñas:
-Todo es
producto de vuestra fantasía.
Las niñas
gritaron a coro.
-Es verdad,
es verdad. El Hada de Praga existe y volveremos con ustedes a verla.
Llegó el
momento de dejar la hermosa ciudad. Nos despedimos de mis sobrinos, de sus esposas
y de las pequeñas.
Antes de
marcharnos fuimos a la fábrica de cristal de bohemia y allí compramos una
figura de cristal que representaba a un hada. A lo mejor aquella figura había
sido confeccionada por alguien que había visto a nuestra amiga en el castillo. ¡Quién
sabe!
Mi hija me
había comprado cuando visitó la ciudad con su amiga, un búcaro y un cenicero de
cristal de bohemia, que aún conservo.
No hemos
podido regresar a tan maravillosa ciudad, pero estoy segura que allí en el
Castillo sigue habitando el Hada.
Y nuestra
hada de cristal de bohemia vive en nuestra casita, allá en nuestra islita verde
de lo más feliz y contenta.
Madrid, abril de 2019
Madrid, abril de 2019




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