EL HADA DEL CASTILLO DE PRAGA


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Mi esposo, mi hija y yo visitamos la ciudad de Praga.
Estuvimos sólo unos días, pero pudimos conocer los lugares más emblemáticos de la vieja ciudad.
Mi hija ya la conocía porque cuando vivíamos en Alemania la había visitado en compañía de una amiga.
Praga fue fundada a finales del Siglo IX.
Emprendimos nuestro recorrido por la ciudad y llegamos al Puente de Carlos, el puente más antiguo de Praga y que atraviesa el río Moldova de la Ciudad Vieja a la Ciudad Pequeña. Nos encantó ese puente lleno de magia y que es un paseo obligado para los visitantes que llegan a la ciudad.
Visitamos la Ciudad Vieja o Stara Mestó, este lugar tiene innumerables calles llenas de adoquines. ¡Qué lugar tan bonito!
Mala Straná es un barrio pequeño, allí degustamos varios platos típicos de la cocina praguense. Probamos la riquísima Kulajda, sopa cremosa preparada a base de puré de papas, setas y leche agria.
Las salchichas maceradas con pimiento y cebolla frita más conocidas como Utopenec, y también nos encantó el más típico plato praguense, el goulach en una de sus variantes, pues tiene múltiples. Su base es un estofado de carne con vegetales.
Llegamos donde está enclavado el reloj astronómico. Este es un reloj medieval precioso. Cuando el reloj da la hora salen las figuras animadas de los doce apóstoles.
Después de deambular por las calles arribamos al Castillo de Praga.Hermosa construcción que nos encantó. Mi hija maravillada  y nosotros también.
En la zona de Kampa está el museo Franz Kafka, este museo es muy interesante.
Ya habíamos oído hablar de la Plaza de Wenceslao. Es un lugar que es  obligatorio  conocer.
Siempre habíamos oído hablar de las Marionetas de Praga.
Según cuenta la historia las marionetas fueron llevadas a la ciudad por las tropas inglesas antes del Siglo XVII. Poco a poco fueron fabricadas y los artistas locales comenzaron a hacer representaciones con ellas.
Teníamos que visitar el Teatro de Marionetas. Es un lugar que hay que visitar sin lugar a dudas.
Asistimos a una representación y nos quedamos maravillados.
Las marionetas bailaban, cantaban y reían. ¡Que espectáculo tan bonito! Lo disfrutamos mucho. Aquellas marionetas representaban los más diversos personajes, bailarinas, payasos, magos y hasta un diablillo pícaro y bromista.
Decidimos nuevamente visitar el Castillo de Praga, el lugar nos había encantado.
Esta vez lo hicimos acompañados por las hijas de mis dos sobrinos.
Jasmina, Adriana y Laurita, son hermanas y la pequeña Amelia es la prima de ellas. Las cuatro habían estado con nosotros en el Teatro de Marionetas y salieron fascinadas del espectáculo.
Las niñas estaban muy contentas por la visita que efectuaríamos al castillo y mi hija encantada con sus pequeñas primitas.
Comenzamos a recorrer el viejo Castillo. Estábamos encantados, sabíamos que ese día iba a ser inolvidable.
¡Y fue inolvidable!
Cuando entramos a un gran salón vimos a una hermosa muchacha vestida con un traje azul de tul y con una diadema en la cabeza que era una maravilla.
Las niñas se quedaron impresionadas al ver aquella aparición y nosotros también.
Jasmina que es la mayor, le preguntó.
¿Quién eres?
La muchacha le contestó.
Yo soy el Hada del Castillo de Praga y estoy muy contenta de verlas.
Jasmina, Adriana, Laurita y Amelia comenzaron a saltar y a decir.
¡Un hada! ¡Un hada!
Si queridas niñas soy un hada muy especial. Les voy a contar mi historia.
Yo era una marioneta y actuaba todos los días en un pequeño teatro de la ciudad. Me encantaba bailar y cantar para los niños que allí se reunían para ver el espectáculo. Yo estaba muy contenta con mi condición de marioneta, pero un buen día se me acercó una marioneta que era un mago y me dijo:
-De ahora en adelante te convertirás en una bella muchacha y tu casa será el Castillo de Praga.
Desde ese momento habito este vetusto e impresionante lugar.
Pues esta es mi historia y aquí me tienen queridas amiguitas, cada vez que vengan al castillo acudiré a saludarlas.
Todos nos despedimos del Hada y regresamos para contarles a mis sobrinos y a sus esposas, lo que había pasado.
Por supuesto no nos creyeron y les dijeron a las niñas:
-Todo es producto de vuestra fantasía.
Las niñas gritaron a coro.
-Es verdad, es verdad. El Hada de Praga existe y volveremos con ustedes a verla.
Llegó el momento de dejar la hermosa ciudad. Nos despedimos de mis sobrinos, de sus esposas y de las pequeñas.
Antes de marcharnos fuimos a la fábrica de cristal de bohemia y allí compramos una figura de cristal que representaba a un hada. A lo mejor aquella figura había sido confeccionada por alguien que había visto a nuestra amiga en el castillo. ¡Quién sabe!
Mi hija me había comprado cuando visitó la ciudad con su amiga, un búcaro y un cenicero de cristal de bohemia, que aún conservo.
No hemos podido regresar a tan maravillosa ciudad, pero estoy segura que allí en el Castillo sigue habitando el Hada.
Y nuestra hada de cristal de bohemia vive en nuestra casita, allá en nuestra islita verde de lo más feliz y contenta.

Madrid, abril de 2019

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