LA SIRENA DE SZCZECIN



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En los años ochenta, mi esposo, mi hija y yo vivíamos en Alemania.
Con mucha frecuencia viajábamos a Szczecin, que es una ciudad y un puerto de Polonia y queda cerca de Berlin.
Nos encantaba hacer ese viaje.
La ciudad está situada cerca del Mar Báltico
Es un puerto  marítimo que se conecta con Berlin. Un canal los une.
La ciudad fue fundada a  principios del siglo X. Cuentan que por tribus eslavas.
La laguna Szczecin, del mismo nombre pertenece al Mar Báltico. Esta laguna está separada del mar por unos islotes. 

La ciudad está situada en una zona muy bonita de Polonia, por eso es muy visitada.
El castillo de los duques de Pomerania, la catedral gótica de San Jacobo, el parque Kasprowicza, son lugares de interés y por ellos paseamos con mucha  frecuencia.

En la ciudad vieja hay muchas tiendas y restaurantes donde en ocasiones comimos Pasztecik, especie de masa frita rellena de carne, col y champiñones, el pierogi pasta en forma circular, rellena de queso, col, cebollas y carne. También la ciudad es famosa por sus platos a base de pescado.
En la ciudad nació la zarina Catalina II de Rusia. Esa zona pertenecía a Prusia.
Estando en una ocasión a orillas del río Oder, nos pareció que algo se movía en el agua.
¡Un pez! dijimos a coro los tres.
Aquel pez o lo que fuera siguió moviéndose y poco a poco fue acercándose a la orilla.
Vimos su larga cola con escamas plateadas.
- Es un pez muy bonito, dijo mi hija.
Con gran asombro vimos que de entre las aguas surgía la cabeza de una muchacha de largos y ondulados cabellos rojos con reflejos rosados.
- ¡Es una sirena! ¡es una sirena! comenzó a gritar nuestra hija.
La sirena se nos acercó nadando y nos dijo:
- Yo soy la sirena de esta ciudad. Soy prima hermana de la sirenita de Conpenhague y de la sirena de Varsovia.
Y nos contó esta bella historia:
-Eran dos sirenas que vivían en las gélidas aguas del Mar del Norte. Un día se adentraron en el mar en busca de una gran aventura. Una de ellas cuando estaba en los estrechos de Dinamarca se enamoró de un joven y se quedó allí. Aún podemos verla a la entrada del puerto de Copenhague.
La otra continuó viaje hacia el este y llegó a la ciudad donde desemboca el río Vístula, un día un astuto mercader la encerró en una jaula, pero un pescador la liberó de su encierro y desde ese día se convirtió en el símbolo de la ciudad de Varsovia.
Concluía nuestra estancia en la bella y acogedora ciudad polaca. El sol ya se ponía y teníamos que regresar a Berlín.
Nos despedimos de la bella sirena y emprendimos viaje hacia Berlín.
Volvimos en varias ocasiones a la hermosa ciudad polaca y siempre íbamos a las orillas del río Oder, allí había muchos lugares donde tomar algo y degustar algún plato típico. Era un lugar muy bonito con muchos bancos que invitaban a sentarse.
Una vez fuimos con nuestros amigos que trabajaban en Mongolia y que estaban de vacaciones en Berlín. Siempre que pasaban por Berlín se reunían con nosotros y paseábamos por los lagos que abundan cerca de la ciudad pero ese día les dijimos, vamos a Polonia y emprendimos viaje hacia la ciudad que ya tan bien conocíamos.
Hicimos un recorrido por los lugares más emblemáticos y decidimos llegar a la orilla del Oder.
Nos sentamos en uno de los bancos y nuevamente apareció la hermosa sirenita que con mucha alegría nos saludó.
Nuestros amigos se quedaron muy asombrados. Le presentamos a la bella sirena. Nuestra hija y los niños de nuestros amigos encantados. Que día tan bello.
En una ocasión en que estábamos nuevamente junto al río vimos a nuestra amiga la sirenita, pero a su lado había otro ser. Era un tritón de larga cola dorada, pelo negro y ojos verdes.
Agnieszka, que así se llamaba nuestra amiga sirena nos dijo.
- Amigos este es mi esposo Marek. Hace cientos de años yo nadaba en las aguas de nuestro querido río y el apareció de pronto. Nos enamoramos de inmediato. Era tan apuesto y yo según él, era muy bella.
- Ustedes desde el principio me inspiraron confianza por eso aparecí entre las aguas y ahora les presento a Marek. No lo hago con todos los humanos. Hay muchos de la especie de ustedes que no son buenos y siempre hemos temido que nos hagan daño.
Agradecimos a Agnieszka su gesto de confianza y nos despedimos de los dos, deseándoles mucha felicidad.
Varios meses después regresamos a nuestra Isla verde y por supuesto más nunca volvimos a ver a nuestros amigos.

Madrid, abril de 2019


















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