LA TRUCHA DEL LAGO SEVAN



Fotografía gratuita de Unsplash

A mediados de los años setenta visité Armenia.
Armenia es un país del Cáucaso que no tiene salida al mar. Su historia data de hace muchos siglos.
Fue un viaje muy interesante porque para mí era una nueva cultura.
Ereván es conocido por todos por la Ciudad Rosa. Ese color proviene de las rocas volcánicas que se utilizaron para su construcción.
Los armenios son gente muy agradable y acogedora. No escatimaban esfuerzos para que me sintiera bien. Son gente dispuesta a ayudar y a brindarte su amistad. Los hombres son apuestos en general y las mujeres preciosas. Querían que les contara sobre Cuba, a mí me encantó que me lo pidieran. Les hablé sobre su gente, su geografía, su vegetación, su flora.
Qué país más diferente a mi Isla verde, con su mar y su vegetación tan exuberante.
Este es un país de terreno montañoso, ríos rápidos y pocos bosques.
El sur de Armenia tiene unos paisajes fascinantes. Vi cuevas hechas por humanos que sirvieron de residencia de familias.
Y el Monte Ararat, que impresionante con sus cimas nevadas. Es la frontera natural con Turquía. Dice la leyenda que allí se posó el Arca de Noé.
No estuve muchos días en ese país caucásico, pero disfruté mucho de mi estancia en él.
Me llevaron al templo romano de Gami, construido en el siglo I antes de nuestra era. ¡Impresionante!
También estuve en el Monasterio de Khor Vrap, que data del siglo VII antes de nuestra era.
Visitamos también el antiquísimo Monasterio Tatev.
Visitamos Matenadaran, atesora muchos manuscritos antiguos.
¡Ah! y la mezquita azul de Ereván, preciosa y majestuosa.
Me llevaron a conocer el lago Sevan, que es el lago de agua dulce más grande del Cáucaso. Se le conoce como El Mar de Armenia, es muy extenso.
Al lago se le denomina ¡Perla azul!, es impresionante.
Me invitaron a almorzar a un lugar cerca del lago. Allí comí ghapama, que utiliza la calabaza como ingrediente principal y es la verdura más popular en el país. También comimos khorovast la riquísima barbacoa y el sarma, arroz condimentado envuelto en col.
¡Ah! y las uvas y los melocotones que ricos, eran una delicia.
Mis amigos armenios decidieron llevarme a pescar al lago. Me dijeron que allí abunda la trucha,
¡la trucha del Sevan!
Yo embulladísima, me encantaba pescar, tengo un hermano que va a pescar con mucha frecuencia al malecón habanero, pero pescar en el lago es otra cosa.
Nos montamos en un pequeño botecito y comenzamos a adentrarnos en las aguas del lago. Los pescadores que nos acompañaban tiraron una red, esperaron un buen rato y cuando la sacaron en ella había una trucha.
Era muy grande, pero aquella trucha cuando la sacaron comenzó a hablar.
Si, a hablar y nos dijo:
- ¿Por qué me sacan de mi lago? Aquí vivo con mi familia y mis amigos, por favor vuelvan a soltarme. Además, ¿no saben que estoy en estado de extinción?
Los pescadores, mis amigos y yo nos miramos con admiración y asombro.
¡Una trucha que habla, cómo es posible! ¡Oh prodigio! dijimos a coro.
- Pues verán, dijo nuevamente la trucha.
- Hace muchos años mis amigas y yo decidimos salir del lago. Comenzamos a nadar, sabíamos que el lago no tenía salida al mar, pero tanto era nuestro deseo que vimos una pequeña grieta en unas rocas cercanas, decidimos entrar y apareció el mar ¡Aquello era un milagro! La realidad es que el mar nos encantó, allí nos encontramos con otros peces, sardinas, merluzas, pargos y hasta un enorme tiburón que nos dio pánico. Pasaron varios días y comenzamos a extrañar el lago Sevan, donde habían nacido nuestros antepasados. Teníamos que regresar. Así lo hicimos. Volvimos a nuestro bello lago, a la ¡Perla Azul!
Luego de esta explicación le pedimos a nuestros amigos los pescadores que la devolvieran al agua. Así lo hicieron, la trucha contentísima, comenzó a nadar en círculos y se despidió de todos nosotros.
Entonces vimos como aparecieron varias truchas más pequeñitas y comenzaron a chapotear en el agua muy contentas y felices. Eran los hijitos de la trucha que habíamos pescado y se movían en el agua entonando una bella canción que decía.
- Gracias por devolvernos a nuestra madre.
- Que felices somos.
- Aquí en el lago Sevan vivimos muy contentos.
- Adiós, adiós, adiós.
Y se zambulleron en el agua, seguidos de mamá trucha y los perdimos de vista.
Regresamos a Ereván, yo no podía creer que aquello había sucedido, era algo maravilloso e increíble.
Mis amigos armenios me dijeron.
Has sido testigo de un acontecimiento extraordinario.
Es cierto les dije, me llevo muchos recuerdos hermosos de Armenia, pero éste lo llevaré siempre en mi corazón, ver como una madre vuelve con sus hijos, es algo tremendamente hermoso.
Me despedí de mis amigos y de la hermosa Ereván y regresé a mi querida islita.

Madrid, abril de 2019














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