LUCAS, LA SALAMANDRA Y LA BUGANVILIA.


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Mi hermana más pequeña adora las plantas y también a los perros, tiene un perrito que se llama Dinki. 
Nuestra casa tiene una terraza donde hay muchas plantas, arecas, bambúes, malangas, tilo, yerba buena, albahaca, helechos, un framboyán enano y una buganvilia preciosa.
Esa buganvilia fue sembrada cuando mi hija y mi yerno se casaron. Todos los años florece, sus flores son moradas, lindísimas.
En ese pequeño arbusto vive una salamandra desde hace mucho tiempo.
La salamandra es un bichito muy simpático e inofensivo.
Mi hermana tiene un nieto, es hijo de su único hijo.
El niño se llama Lucas. Es un niño de tres años, muy bonito, alegre y simpático.
Lucas va con mucha frecuencia a nuestra casa con su abuela a echarle agua a las plantas.
Él tiene un cubo pequeño de un color rojo brillante.
A él le encanta regar las maticas, disfruta muchísimo. Junto a él siempre está Dinki, los dos se llevan de maravilla.
La salamandra todos los días veía como mi sobrino nieto tomaba su cubito rojo, lo llenaba de agua y comenzaba su labor, siempre con la ayuda de su abuela.
A la salamandra le encantaba chapotear en el agua, se divertía cantidad y cuando veía aparecer a Lucas se ponía muy contenta.
Un día el bichito no estaba de humor para bañarse en el agua fría y comenzó a protestar.
¡Por favor Lucas no me bañes más!
Lucas no lo oyó y siguió con su cubito echando agua y más agua.
Pero mi hermana si oyó al bichito y le dijo al nieto.
Lucas, tú no oíste que la salamandra que vive en la buganvilia no quiere que la bañes más. No cojas más agua por favor.
Abuelita, dijo el niño ¿qué salamandra?
Fíjate Lucas ahí está en el tronco de la buganvilia.
El niño se fijó y efectivamente ahí estaba el bichito y le dijo: 
-Perdóname salamandra no te pongas bravita, pero entiende una cosa, la buganvilia necesita agua porque si no se seca y seguro que tú no lo sabes, pero ese arbusto es un recuerdo muy bonito que tienen mis primos que viven muy lejos allá en España.
-Disculpa Lucas, no sabía la historia de la buganvilia, no hay problema sigue echando agua, a mí me encanta bañarme y además el calor es insoportable. Fíjate que voy a llamar a mis hijos para que también disfruten del baño.
Acto seguido de no se sabe dónde salieron cinco salamandritas y comenzaron a chapotear en el agua felices y contentas y comenzaron a cantar.
¡Que rica está el agüita, que rica está el agüita tra lalala!
Desde ese día cada vez que Lucas llega con su abuelita a echarle agua a las maticas llama a la salamandra. El bichito sale de su escondite lo saluda y dice.
-Hola Lucas, hola abuelita, hola Dinki, que bueno que están aquí conmigo.
También los hijitos de la salamandra salen y comienzan a cantar y a chapotear en el agua.
Lucas y Dinki saltaban de alegría y la abuelita no se quedaba atrás, comenzó a bailar en un solo pie.
Un día, que Lucas estaba con su abuela en la casa regando las plantas nuevamente, apareció la salamandra y les dijo:
- ¿A ustedes no les gusta la música?
Ellos contestaron, muchísimo, nos encanta.
-Pues voy a tocar mi guitarra y les voy a cantar una canción escrita por mí.
La salamandra comenzó a cantar acompañada por un minúsculo instrumento que maravilló al nieto y a la abuela.
La canción decía así:

“Tengo un amiguito que se llama Lucas.
Él tiene una abuelita bonita de verdad.
Ellos me causan mucha alegría.
Cuando vienen a regar las plantas, tralalala.
Yo vivo en la buganvilia que es preciosa de verdad, tralalala”

¿Les gustó la canción?
-Si, muchísimo amiga salamandra, le dijeron el niño y la abuela.
Así nació la amistad entre Lucas y la salamandra cantora, tralala tralala.








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