EL REYEZUELO DE LA VITOSHA




Fotografía gratuita de Unsplash
 
En Bulgaria, en los años noventa vivíamos en el piso quince de un apartamento en Sofia, desde donde se veía la montaña Vitosha.
La verdad que era una vista realmente impresionante. En muchas ocasiones almorzábamos o merendábamos en la terraza para admirar el bello paisaje.
En el año 1938 la Vitosha se convirtió en Parque Natural. Existe un funicular que muchas veces utilizamos para subir a la montaña. En invierno hay una pista de esquí y en verano los búlgaros hacen senderismo.
Sus bosques atesoran innumerables árboles de diversas especies.
El arce, el haya, el pino, el fresno y el abeto crecen en esos increíbles bosques, que en el otoño son un espectáculo, realmente bello porque las hojas de los árboles parecen de oro.
Por las laderas de la montaña baja el agua de varios manantiales y forman riachuelos que refrescan el ambiente. En ocasiones recogíamos agua y la llevábamos para la casa, pues esa agua tenía muchas propiedades.
También hay muchas flores que esparcen su perfume y embriagan el ambiente con su olor.
En muchas ocasiones paseamos por los hermosos parajes de la Vitosha.
Nos encantaba ese lugar.
Llevábamos una cesta con muchas golosinas y nos sentábamos debajo de algún árbol a disfrutar de la comida y del embriagador paisaje.
Fuimos muchas veces y recorrimos los lugares llenos de magia.
Sabíamos que en la Vitosha se podía ver un ave denominada reyezuelo, pero no lo habíamos podido ver. En una ocasión en que paseábamos por los hermosos parajes nuestra hija nos dijo:
¡Miren un nido! ¿De qué ave será?
Efectivamente en lo alto de un fresno había un nido.
Estuvimos un rato observándolo para ver si aparecía el ave dueña de ese nido, pero nada.
Pero cuando ya nos disponíamos a irnos del lugar vimos que en lo alto se posaba un hermoso reyezuelo. Conocíamos al ave por un libro de la fauna de la Vitosha que tenía nuestra hija.
-Es un reyezuelo, dijo mi esposo, miren que bello.
Era cierto aquella ave era preciosa, por fin podíamos ver a aquella maravillosa criatura sobre la cual habíamos leído.
Para nuestro asombro el reyezuelo bajó del árbol y se posó cerca de nosotros y nos dijo con su voz algo chillona.
- ¿Qué hacen por aquí?
Estábamos estupefactos. ¡El reyezuelo hablaba!
Los tres le respondimos.
-Estamos disfrutando de la hermosa montaña y tú ¿hace tiempo que vives aquí?, le preguntamos.
-Si, efectivamente, este es mi hogar desde hace mucho tiempo. Vivo aquí muy feliz y me alegro de que les guste este bello lugar.
- Pero ¿cómo es que hablas?, para nosotros los humanos resulta imposible de creer.
El ave nos contestó:
-Yo soy muy especial amigos, hace muchos años que la montaña me dio ese don para que pudiera comunicarme con los visitantes.
-Qué maravilla, le dijimos.
-No siempre hablo con las personas que vienen a la Vitosha, pero hoy es un día muy señalado porque hace 200 años que vivo aquí.
Se nos estaba haciendo ya tarde.
-Nos tenemos que ir hermoso reyezuelo, pero nunca te olvidaremos, le dijimos.
-Adiós amigos.
-Adiós, que sigas disfrutando de tu hogar.
Muchas veces volvimos a la montaña pero no volvimos a ver al reyezuelo de la Vitosha.

Madrid, mayo de 2019



Comentarios

Entradas populares