LA CALABAZA SABRINA
Fotografía gratuita de Unsplash
Mi hija
sembró unas semillas de calabaza en uno de los tiestos que tiene en la terraza
de su casita de Madrid.
Las
semillitas prendieron y comenzaron a salirle hojas y posteriormente flores
amarillas.
La planta
estaba muy bonita.
Todos los
días la regaba con mucho cariño.
Un día que
salió a la terraza a echarle agua a las plantas que tiene allí, entre ellas una
mata de aguacate cubano, vio que había nacido una calabaza.
Nos llamó y dijo:
-¡Miren la
calabaza que ha salido!
En efecto vimos
asombrados a aquella hermosa calabaza de color amarillo intenso.
Mi hija como
todos los días continuó regando las plantas y una mañana en que lo hacía oyó
una vocecita que le dijo:
-Buenos días
hermosa señora.
Mi hija miró
hacia todos los lados, buscando quien la saludaba, pero no vio a ningún ser
humano.
De nuevo la
voz le dijo:
-Oiga señora,
la he saludado y no me ha contestado.
- Pero ¿quién
me habla? No veo a nadie.
-Soy yo la
calabaza, la que la ha saludado. Si, yo misma la calabaza que sembraste con
mucho cariño. Mi nombre es Sabrina.
-Sabrina ¿quién
te puso ese nombre y cómo es que hablas?
-Así me puso
una paloma que todos los días me visita. ¡Sabes, me sembraste con tanto cariño
y amor que la naturaleza me dotó con el don del habla!
Mi hija nos
lo comentó, pero la verdad es que no la creímos.
Siguió
saliendo a la terraza a echarle agua a las plantas y saludaba a la calabaza.
-Hola
Sabrina, le decía ¿cómo has amanecido hoy?
-Muy bien
bella señora, le contestaba la calabaza. Estoy muy feliz de verte como todos
los días.
-Me alegro le
decía mi hija. Yo también estoy perfectamente y muy contenta por poder hablar
contigo prodigiosa calabaza.
Así surgió
una gran amistad entre mi hija y la calabaza. Lo único que mi hija lamentaba
era que la familia no la creyera. Bueno yo sí le creí, sino no hubiera hecho
este cuentecito sobre la calabaza Sabrina y mi querida hija.
Madrid, septiembre de 2019



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