UNA FUENTE MÁGICA



    Fotografía gratuita de Unsplash
 
En la azotea de nuestra casa de Cuba había una fuente.

La verdad que nos encantaba, a mi hija en particular.

Era de cemento, pero el trabajo del albañil que la construyo simulaba madera.

Los antiguos dueños de la casa que data de los años veinte, debieron encargar su construcción para que los pájaros pudieran beber.

En una ocasión en que subimos a la azotea mi hija y yo, la fuente comenzó a verter agua, pero el agua era de color rosado, aquello nos impresionó muchísimo. ¡Agua rosada! ¿cómo podía ser?

De pronto aparecieron unas aves de plumaje multicolor, que comenzaron a cantar una bella melodía.

También vimos que dentro de la fuente vivían unos pequeños caracoles de colores brillantes, eran unos bichitos encantadores que comenzaron a danzar al ritmo de una música que no sabíamos de donde salía.

Nos fijamos bien y vimos que unas pequeñas lagartijas que tenían unos diminutos instrumentos eran las que producían tan bella melodía.

Estábamos encantadas con todo aquello.

Nos dimos cuenta de que aquella era una Fuente Mágica.

Otro día volvimos a subir a la azotea y nos percatamos que el agua que brotaba ahora era verde.

Aparecieron unas mariposas de alas multicolores que revolotearon a nuestro alrededor y unas palomas de plumaje rojo.

Aquello era de ensueño.

Cuando más entretenidas estábamos viendo toda aquella maravilla surgió de pronto en medio de la fuente una bella ninfa de cabellos rubios que llevaba un traje azul celeste de tul, también apareció un unicornio morado y un ciervo plateado.

La fuente comenzó a hablar con nosotras.

-Hola amiguitas ¿cómo están?

Nos quedamos petrificadas ¡cómo era posible que la fuente hablara con nosotras si era de cemento!

-No se asombren, puedo conversar con ustedes porque soy una Fuente Mágica. Me construyó hace mucho tiempo un albañil que me entregó todo su amor y su corazón y me convirtió en esta maravilla.

Mi hija y yo le dijimos:

-Estamos encantadas de poder hablar contigo y le damos las gracias al albañil que fue el autor de tan magnífica obra.

Muchas veces volvimos a la azotea de la casa a conversar con la fuente y a ver a los seres increíbles que vivían en ella.

Pero lamentablemente el tiempo es implacable y la fuente se convirtió en escombros.

Nunca olvidaremos a la Fuente Mágica de nuestra casita cubana.

También había un jardín muy bonito.
A mi hija le encantaba jugar en ese lugar, lo hacía en compañía de sus amiguitos del barrio.
El albañil también rodeo el jardincito con adornos que simulaban madera, utilizó el mismo sistema que en la fuente. La verdad que era un maestro. Me imagino que también haya puesto su amor y su corazón como hizo con la fuente y también lo convirtió en mágico porque mi hija muchas veces vio a unos duendes jugar entre las plantas que allí crecían.
Pero el jardín de la infancia de mi niña desapareció. Necesitábamos un garaje para nuestro auto y hubo que sacrificar a aquel lugar de ensueño. Fue una pena.



Madrid, septiembre de 2019


  

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