UNA FUENTE MÁGICA
En la azotea
de nuestra casa de Cuba había una fuente.
La verdad que
nos encantaba, a mi hija en particular.
Era de cemento,
pero el trabajo del albañil que la construyo simulaba madera.
Los antiguos dueños
de la casa que data de los años veinte, debieron encargar su construcción para
que los pájaros pudieran beber.
En una
ocasión en que subimos a la azotea mi hija y yo, la fuente comenzó a verter
agua, pero el agua era de color rosado, aquello nos impresionó muchísimo. ¡Agua
rosada! ¿cómo podía ser?
De pronto
aparecieron unas aves de plumaje multicolor, que comenzaron a cantar una bella
melodía.
También vimos
que dentro de la fuente vivían unos pequeños caracoles de colores brillantes,
eran unos bichitos encantadores que comenzaron a danzar al ritmo de una música
que no sabíamos de donde salía.
Nos fijamos
bien y vimos que unas pequeñas lagartijas que tenían unos diminutos
instrumentos eran las que producían tan bella melodía.
Estábamos
encantadas con todo aquello.
Nos dimos
cuenta de que aquella era una Fuente Mágica.
Otro día
volvimos a subir a la azotea y nos percatamos que el agua que brotaba ahora era
verde.
Aparecieron
unas mariposas de alas multicolores que revolotearon a nuestro alrededor y unas
palomas de plumaje rojo.
Aquello era
de ensueño.
Cuando más
entretenidas estábamos viendo toda aquella maravilla surgió de pronto en medio
de la fuente una bella ninfa de cabellos rubios que llevaba un traje azul
celeste de tul, también apareció un unicornio morado y un ciervo plateado.
La fuente
comenzó a hablar con nosotras.
-Hola
amiguitas ¿cómo están?
Nos quedamos
petrificadas ¡cómo era posible que la fuente hablara con nosotras si era de
cemento!
-No se
asombren, puedo conversar con ustedes porque soy una Fuente Mágica. Me construyó
hace mucho tiempo un albañil que me entregó todo su amor y su corazón y me
convirtió en esta maravilla.
Mi hija y yo
le dijimos:
-Estamos
encantadas de poder hablar contigo y le damos las gracias al albañil que fue el
autor de tan magnífica obra.
Muchas veces
volvimos a la azotea de la casa a conversar con la fuente y a ver a los seres
increíbles que vivían en ella.
Pero
lamentablemente el tiempo es implacable y la fuente se convirtió en escombros.
Nunca
olvidaremos a la Fuente Mágica de nuestra casita cubana.
También había un jardín muy bonito.
A mi hija le encantaba jugar en ese lugar, lo hacía en
compañía de sus amiguitos del barrio.
El albañil también rodeo el jardincito con
adornos que simulaban madera, utilizó el mismo sistema que en la fuente. La
verdad que era un maestro. Me imagino que también haya puesto su amor y su
corazón como hizo con la fuente y también lo convirtió en mágico porque mi hija
muchas veces vio a unos duendes jugar entre las plantas que allí crecían.
Pero el jardín de la infancia de mi niña desapareció.
Necesitábamos un garaje para nuestro auto y hubo que sacrificar a aquel
lugar de ensueño. Fue una pena.
Madrid, septiembre de 2019



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